18 abril 2017

El lujo no entiende de crisis • Un mercado al alza y que se olvida de la ostentación

Conoce el articulo que recientemente, el Director del Máster en Comercio Internacional de EUDE Business School, José Manuel Muñoz, escribió en el diario El Debate de Hoy, sobre como el mercado del lujo vive un buen momento, a pesar de la difícil situación que ha atravesado la economía a nivel mundial. Las rentas más altas no sufren tanto los envites de la crisis y mantienen una serie de gastos de los que España se beneficia.

 

Paradójicamente, el mercado de bienes y servicios de lujo en España ha mantenido su fortaleza, a pesar de las dificultades acontecidas en los últimos años. De hecho, el volumen anual de negocio que maneja el sector se encuentra en torno a los 6.000 millones de euros y las previsiones de crecimiento para este año 2017 se sitúan alrededor del 5%.

 

Existen algunas explicaciones para este hecho, tanto desde el punto de vista económico como psicológico (aspecto este último que tienen muy en cuenta los expertos en marketing) aunque, de todas maneras, no debemos pensar que se trata de un fenómeno insólito, ya que la historia y el análisis económico nos demuestran que, en contra de lo que pudiésemos intuir, la relevancia que adquiere la industria del lujo durante los períodos de crisis es un hecho recurrente.

 

Los buenos datos de consumo no pueden desnortar las políticas que fomenten el ahorro. Una mala planificación en este punto puede devolvernos a la crisis económica en el medio plazo.

 

Quienes más sufren en épocas de recesión son las clases medias, es decir, aquellas que suelen contribuir más a mantener estable el consumo interno de un país. Sin embargo, las clases sociales con poder adquisitivo más alto suelen disponer de una abundante suerte de recursos que les permiten sortear con éxito las adversidades coyunturales, de manera que sus hábitos de consumo apenas experimentan alteraciones. Además, España ha resultado muy beneficiada, en este sentido, por el auge de ciertas economías emergentes (China, Rusia y algunos países latinoamericanos y asiáticos, especialmente) que, a pesar de la crisis mundial, han logrado gestar una masa crítica de ciudadanos pertenecientes a la clase media suficiente para poder incorporarla a la demanda mundial de ese tipo de productos.

Así, España se ha beneficiado de esta situación hasta el punto de que el 52% de las ventas de este tipo de bienes y servicios fueron realizadas al exterior (de hecho, el español es el cuarto mercado de lujo más importante de la Unión Europea, tan solo por detrás de Alemania, Francia e Italia, y el quinto de toda Europa, por detrás también de Suiza).

 

El Gobierno de España ha elevado las cifras de recaudación en su lucha contra el fraude. Sin embargo, es necesaria una labor global para hacer frente a problemáticas como los paraísos fiscales.

 

Si bien la preferencia por los bienes de lujo se ha mantenido indemne a lo largo de la historia, el propio concepto sobre lo que se considera “lujo” ha ido evolucionando y transformándose con el paso del tiempo. Lejos de la ostentación, lo minimalista y las experiencias como determinados viajes son las nuevas tendencias del sector, a pesar de lo cual la demanda de objetos de lujo clásicos continúa gozando de buena salud en nuestro país. De hecho, cada español destina, anualmente, unos 2.500 euros a la compra de obras de arte y unos 2.300 en joyería, además de otros 2.300 en moda y unos 2.000 en productos de belleza.

Todo parece indicar, por tanto, que el sector, dadas sus peculiares características y ayudado por determinadas circunstancias como la devaluación del euro respecto al dólar (lo que favorecerá especialmente a España, ya que, como se dijo anteriormente, más de la mitad de las ventas del sector se realiza a otros países) continuará con su particular senda de crecimiento, permitiendo augurarle una solidez duradera. El impulso del ser humano por la diferenciación y la exclusividad ha permitido al sector del lujo, tradicionalmente, capear con bastante éxito las turbulencias económicas. Y esta crisis no ha sido ni será una excepción a esta constante.

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